Giraflor: el recuerdo de Sara y el calor de la comunidad en nuestro segundo aniversario

Por Carmen Eleta


El pasado 3 de octubre celebramos el segundo aniversario de Oncomunidad en el Círculo de Bellas Artes. Fue un encuentro lleno de emoción, abrazos, arte e historias que nos acercaron unos a otros. Me queda un agradecimiento inmenso hacia todas las personas que estuvieron allí y hacia quienes compartieron algo tan íntimo como su experiencia de acompañar a alguien querido durante el cáncer.

También me llevo un aprendizaje. Al preparar un encuentro así, una quiere dar cabida a tantas cosas que, a veces, el tiempo se queda pequeño para lo que necesita ser contado y escuchado. Me habría gustado que algunas conversaciones pudieran continuar, que tuviéramos más espacio para detenernos en lo que iba surgiendo. Lo tengo muy presente para los próximos encuentros: abrir una conversación es también cuidar el tiempo y el espacio que necesita.

Ana participó en el coloquio de familiares. Su hermana Sara formó parte de Oncomunidad y fue una persona muy querida por nosotros. Nos dejó demasiado joven, y su recuerdo sigue vivo en quienes tuvimos la suerte de conocerla. Ana, profesional del acompañamiento y colaboradora de Oncomunidad, compartió lo que supuso acompañar a su hermana y algo de lo que está viviendo en su duelo.

Al día siguiente me envió el texto que compartimos a continuación. Al leerlo, sentí que aquella conversación seguía abierta, que había mucho más que escuchar. Ana nos lleva con ella por lo vivido durante el encuentro y por las calles de Madrid después, con su girasol en la mano y Sara tan presente.

Me conmueve su manera de poner palabras al miedo, al cuidado y a lo difícil que a veces resulta pedir compañía. También a ese calor humano que podemos ofrecernos, incluso cuando no sabemos qué decir. Hay algo esencial de la comunidad en ese dar y recibir: acompañar y dejarnos acompañar.

Gracias, Ana, por compartirlo y por dejarnos conocer un poquito más a Sara a través de tu amor por ella. Te dejo la palabra.

Giraflor

Por Ana

Hoy ha sido el segundo aniversario de Oncomunidad, una comunidad hermosa que transforma la experiencia oncológica en un camino de aprendizaje y transformación personal.

Sara participó en el primer programa «Una nueva mirada», para pacientes oncológicos. Me llegó la información por un grupo de WhatsApp y nos pareció valiosa. ¡Vaya si lo ha sido!

Para ella fue muy importante compartir espacios con otras personas que atravesaban procesos oncológicos desde esta mirada transpersonal y de crecimiento. Después pasó a formar parte del equipo de profesores para impartir los talleres de musicoterapia. Estaba emocionada ante la posibilidad de acompañar a otras personas como ella. Qué lástima que no le diera tiempo.

Poco después de que falleciera Sara, yo comencé a colaborar acompañando el círculo de familiares, gracias a la oportunidad que me dio Carmen Eleta, el corazón, motor y vehículo de Oncomunidad. Gracias, Carmen.

Hoy vengo al segundo aniversario y participo en el coloquio de familiares. ¿Cómo compartir una experiencia así en tan poco tiempo?

Hablo del impacto familiar, del MIEDO que despierta este diagnóstico y de cómo intentamos protegernos unos a otros al expresar ese miedo. ¿Cómo voy a decirle a mi hermana que tengo miedo, si el cáncer lo tiene ella? ¿Cómo voy a decírselo a mi madre, si es su hija quien tiene cáncer? Y así, todas sosteniéndonos. Por eso es tan importante que todos tengamos apoyo externo, profesional y afectivo.

Hablo de los roles que cada quien adopta con sus recursos y su bagaje personal. Todos igual de valiosos, todos necesarios, todos expresiones de amor: papá, logística y economía; mamá, cuidados y nutrición; Rebeca, fuerza, humor y mirada científica. A mí me tocó la parte emocional y espiritual.

Mi reto: quitarme de en medio. Acompañar sin invadir. Estar. Acompañar sus duelos y, a veces, solo decir: «Vaya mierda… Jo, lo siento mucho. ¿Qué hacemos? ¿Qué necesitas?». Otras veces, buscar recursos, apoyos, profesionales, herramientas… Ponerme al servicio, respetar y apoyar sus decisiones, aunque a veces me dieran mucho miedo.

Cuando no he podido sostener ese quitarme de en medio, he intentado hablar con el corazón y decir: «Tengo miedo». Esas veces, ella me sostenía a mí. Nos sostenía a todos con su energía, su amor, su humor y su optimismo.

¡Me emociono! Qué difícil hablar de esto en público. Un hito más en mi proceso de duelo.

He venido sola. Soy un poco bruta, me cuesta pedir. Mamá no está preparada aún y a mí no se me ocurrió pedirle a alguien que me acompañara. Este «yo puedo sola» cada vez me pesa más. Pero siento el calor de la comunidad. No estoy sola. Puedo sin romperme.

Abrazo a Javier, el marido de Laura, que también nos dejó hace un año. Carmen nos regala su libro y un girasol: la flor favorita de Sara y el nombre de uno de sus guiones, en el que ficciona nuestra vida familiar. Me encantaría que alguien lo llevara a la pantalla grande. ¡Qué pena no haber salido yo con ese arte!

Aplausos, besos y calor. El calor de los corazones humanos. Todos estamos en el mismo barco. Por eso estamos aquí.

Humor, canciones, poemas, risas, narices de payaso. Pacientes que transforman su experiencia oncológica, como Chispas, la payasa. Magia, más historias de superación… Cóctel, vino —con vino y queso, las penas son menos—. ¡A tu salud, hermani! 🍷

Ufff… Cuántas emociones. Algunas personas se acercan y me abrazan, comparten conmigo su emoción y me llaman valiente. Otras me evitan. No todos podemos mirar de cara a la muerte, al dolor, aunque lo llevemos dentro.

Me despido y salgo a respirar. La Gran Vía está a rebosar: acaba de terminar la manifestación por una vivienda digna y asequible. Otra lucha… En otro momento hubiera estado ahí. Hoy no, aunque al final estoy.

Camino con mi giraflor —como Sara lo llamaba— hacia Sol, como en una nube entre la multitud. Paso por el palacio. Veo a Sara y a sus amigas de la RESAD delante de lo que ahora es un conservatorio, y me recuerdo con ellas en alguna visita.

Cruzo los jardines de Sabatini. Llueve, no me importa. Sigo recordando esa época de Sara en la RESAD, mientras los turistas me rodean sacando fotos, ajenos —no lo sé, tal vez no— a la muerte, a la pérdida, al dolor. Yo floto entre ellos.

Cojo mi coche y vengo al cementerio. ¡Este giraflor es tuyo, hermani!

Aterrizo aquí mis pensamientos y sentimientos… Sigo flotando… Llamo a mamá. Después iré a casa y me daré un baño con sales y lavanda del jardín. Mimitos para mi cuerpo y mi alma. 🙏

Hoy es un día en tu honor, contigo. 💜

Acaba de salir el sol.

Gira sol 🌻 gira flor ✨ gira Amor 💗

 

Sobre la autora

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Carmen Eleta

Fundadora y presidenta de Oncomunidad

Tras casi veinte años conviviendo con distintos diagnósticos oncológicos, Carmen acompaña a pacientes, expacientes y familiares desde el autoconocimiento, el autocuidado y el cultivo de la compasión.

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