Chispitizar la Vida: El humor como terapia

Quizás te extrañe ver un artículo que hable sobre la risa y el humor en un contexto oncológico. Quizás pienses que estoy un poco loca, o quizás sientas compasión por esta mujer que, con casi 50 años de vida, ha pasado por tres procesos de cáncer y sigue teniendo ganas de tomárselo con humor… Pues te diré que cada uno ha de buscar sus propios recursos para superar las adversidades de la vida y, para mí, el humor ha sido y sigue siendo mi mejor medicina. Por eso, mientras queden energías en este cuerpecito mío, seguiré apostando por tomarme la vida más en serio y la enfermedad más a broma

Hace justo un año (enero 2025) entré a formar parte de Oncomunidad participando en un “Café Inspira”. Fue una manera de dar testimonio sobre mi experiencia vital y, al mismo tiempo, contactar con un maravilloso y variopinto grupo de personas que vibramos en la misma sintonía por un factor común, el cáncer. En esa charla compartí parte de mi historia, mi manera de vivir la enfermedad, y “Chispas”, mi alter ego payasa, me acompañó para dar un toque diferente y especial a todo lo vivido.

El cáncer no tiene nada de divertido. Es una bomba que llega a nuestras vidas y las desbarata por completo. En algunos casos, tristemente nos las arrebata. Sin embargo, si tenemos la suerte de poder seguir adelante en este camino, la enfermedad es un momento de inflexión que nos permite profundizar y contactar con nuestra esencia, más allá del ruido y las prisas de nuestra rutina diaria. En este sentido, yo me he empeñado y he elegido vivir las dificultades propias de esta enfermedad, como oportunidades de mejora y de desarrollo personal. Elegí ocupar el parón vital que la enfermedad supone, en un tiempo de creación, y de ahí, en mi segundo cáncer de mama, surgió Chispas, mi payasa.

He de reconocer que el humor siempre ha estado presente en mi vida, pero por vergüenza o por adaptación a las convenciones sociales, lo aparté de mi día a día y opté por tomármelo todo “muy a pecho” (qué ironías de la vida ;-) Con la enfermedad volví a sentir ese llamado, esa “chispa” que era genuina en mí cuando era niña… Ese gusto por hacer reír a los demás, esa alegría innata y casi ingenua que se necesita para soportar vivir dentro de una realidad tan dura. Y es que el cáncer te desestabiliza de tal manera que incluso sientes que pierdes tu identidad. Sin tu trabajo cotidiano, sin tu aspecto cotidiano, sin tu fortaleza y energía habitual, sintiendo que tienes que esconderte por no encajar en los cánones de belleza, teniendo esa sensación de dar lástima a la gente… Así me sentí yo…

Por eso nació Chispas, para reírme de mí misma, para tomármelo todo más a guasa, para ver el lado divertido y sarcástico a las pruebas, a la vida de hospital.  Para soportar vivir en un cuerpo enfermo que te ancla a las medicinas cuando mi mente sobrevuela por campos de girasoles… Ciertamente no elegimos estar enfermos, pero sí podemos elegir cada día cómo vivimos nuestra enfermedad, y ahí Chispas es mi maestra de vida.

En mi tercer proceso oncológico, que aún está muy reciente, surgió en mi mente un nuevo concepto; una nueva filosofía de vida, mi propósito… Si estoy logrando superar la leucemia es quizás porque he descubierto que he venido a este mundo a CHISPITIZAR LA VIDA. Chispitizar es justo lo que os acabo de comentar en esta pequeña reflexión. Es transformar tus dificultades cotidianas en oportunidades de mejora; es ver el lado que brilla en lugar de centrar tus energías en la oscuridad; es elegir tus pensamientos, dejar pasar lo que no te ayuda, estar el máximo posible de tiempo en lo que te ilusiona y te aporta. Es rodearte de gente que suma y decir adiós a los que ya no te aportan. Es agradecer a la vida un día más de juego y tratar de ser feliz aportando tú también al bien común. De ahí la decisión de entrar a formar parte de Oncomunidad.

Reconozco que yo no chispitizo todo el tiempo. Por supuesto que también me “cago en todo”, lloro, tengo miedo y me desespero cuando las cosas no van bien. Por supuesto que hubiera preferido que la enfermedad nunca me hubiera visitado y que estos aprendizajes los hubiera adquirido de otra manera… Pero por lo visto la vida tenía otros planes para mí y, una vez que me desahogo y suelto el miedo, la rabia y la pena, vuelvo a conectar con ese propósito superior que ahora me acompaña y dibujo una sonrisa en mi cara (para que mi cerebro se piense que estoy como unas castañuelas).

Y así, con mi nariz de payasa (mi nariz habitual ya es bastante cómica) y con mis estrellitas como anclaje y símbolo de que otra realidad es posible si yo la miro con los ojos de Chispas, me decido a vivir un día más en mi pequeño mundo tratando de hacer realidad aquella frase de Galeano que tanto me inspira: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Autora: Laura Ortega (Intagram: @unviajeamiinterior2024)

Laura forma parte de Oncomunidad y, junto con Nuria Félix Montoya, facilitan y conducen Oncomondarte, un nuevo espacio donde el humor, el juego y la creatividad se ponen al servicio del bienestar, el crecimiento y la conexión humana.

Siguiente
Siguiente

El poder de una línea: presencia y calma a través del zentangle