DESDE MI MÉDULA HACIA MI ESENCIA

Conversar con el miedo y recordar la esencia

 En el último Café Inspira de Oncomunidad, Concha compartió con la comunidad una reflexión profunda nacida de su propio proceso de enfermedad y de vida. Fue una de esas conversaciones que no se quedan solo en ideas, sino que transmiten experiencia vivida.

 Concha explicó que, cuando atravesamos una enfermedad o una situación límite, la vida parece abrirse en distintos planos. No solo está el cuerpo, sino también el mundo emocional, la mente y una dimensión más profunda que podríamos llamar espiritual. Cada uno de esos planos —decía— necesita ser atendido.

 En ellos aparecen emociones muy humanas: el miedo, la crítica interna, la culpa, el victimismo o la ansiedad. Pero también podemos cultivar antídotos: la confianza, la compasión hacia uno mismo, el coraje, el autocuidado y la calma.

 Uno de los momentos más intensos fue cuando habló del miedo.

 “Cuando te dicen que lo que tienes quizá no tiene solución, o que el camino pasa por un trasplante de médula, lo primero que aparece es el miedo. El miedo a la muerte.”

 Pero con el tiempo, contaba, aprendió algo que cambió profundamente su relación con ese miedo: aprendió a conversar con él.

 A mirarlo de frente. A recordarse a sí misma que la muerte forma parte de un ciclo más amplio de la vida. Para Concha, esta certeza no nace solo de una idea o una creencia, sino de experiencias profundamente sentidas en su vida, en despedidas de seres queridos que le hicieron sentir que la vida continúa de formas que a veces no alcanzamos a comprender.

 También habló de otro miedo muy presente en los procesos de enfermedad: el miedo al dolor. No solo al dolor físico, sino al sufrimiento que se añade cuando la mente empieza a anticiparlo antes de que llegue.

 En ese camino comprendió algo importante: que el miedo muchas veces se alimenta de la incertidumbre y de un futuro que todavía no ha ocurrido.

 Su aprendizaje ha sido encontrar el antídoto en la confianza.

 La confianza en que, llegado el momento, sabrá atravesar lo que venga.

La confianza en que podrá sostenerse.

La confianza en el proceso mismo de la vida.

 “No pasa nada”, decía.

“Todo pasa. Este dolor también pasará.”

 A lo largo del encuentro, Concha compartió también algunas de las prácticas que le han acompañado en este proceso: la meditación, el mindfulness, los movimientos meditativos como el chikung —que al principio incluso le parecían aburridos— o la arteterapia, que le permitió expresar y transformar emociones profundas.

 Habló con mucha honestidad de experiencias que muchas personas reconocieron en sus propias vidas: la culpa, la sensación de indefensión o la crítica interior que a veces nos acompaña en momentos difíciles. Para ella, el camino ha sido aprender a mirarse con más compasión, aceptar la responsabilidad sobre la propia vida sin castigarse.

 Pero quizá lo más luminoso del encuentro llegó cuando Concha recordó algo esencial: que incluso en medio de la enfermedad seguimos teniendo acceso a algo profundamente vivo.

 La capacidad de disfrutar de la vida.  Crear. Imaginar. Jugar. Reír. Cantar. Bailar.

 Recuperar algo de esa infancia interior que sabe vivir con más ligereza.

 Compartió también una imagen muy hermosa que ella llama “envejecer a la francesa”: permitir que el cuerpo cambie con el tiempo o con la enfermedad, pero sin perder nunca la esencia.

 Al terminar el encuentro, el grupo compartía una sensación clara: cuando alguien habla desde la experiencia vivida, sus palabras tienen una fuerza especial.

 Porque cuando atravesamos experiencias profundas como la enfermedad, algo cambia dentro de nosotros. A veces esa conciencia puede adormecerse con el tiempo, pero queda una semilla.

 Y el trabajo (como recordamos juntos) consiste en seguir regando esa semilla, con presencia, con gratitud, y con espacios como este, donde las historias personales se transforman en luz para otros.

POEMA Redonda y Liviana

voy a hacer lo que me de la gana

Redonda y Liviana

mi propio arrullo es el que me sana

Redonda y Liviana

no voy a hacer más lo que a ti te venga en gana

Redonda y Liviana

con el calor de mi amor no me hace falta lana

Redonda y Liviana

no te necesito más, voy a ser mi propia ama

Redonda y Liviana

mi lucha no es el suplicio de Santa Ana

Redonda y Liviana

aquí me tenéis !bailando como una gitana

Redonda y Liviana

ay! Y que? Si me salió una cana

Redonda y Liviana

tu carácter oral me produce desgana

Redonda y Liviana

a mí niña interior le cantaré una nana

Redonda y Liviana

cura sana culito de rana

si no te curas hoy

te curarás...

mañana!!